La Batalla de Puebla ¿lo puedes imaginar?
Era una mañana con cielo tornado en multiples tonos dorados, rojos y azulados. El sol grande y radiante se asomaba lentamente por encima de los cerros, dejando besar todo a su paso, los techos, las casas, el camino y a las personas. El ambiente se sentía tenso, sin embargo la imagen era apropiada para dejarse seducir por el amanecer.
No era de extrañarse que pronto se diera inicio a la batalla, los indios zacapoaxtlas estaban a la espera de órdenes por parte del General Ignacio Zaragoza.
Uno de llos se despide cariñosamente de su familia, todos reunidos los más pequeños no sabían con exactitud que estaba por ocurrir, como esposo se despide primero de su esposa, quien al recibir su abrazo deja rodar una lágrima por su mejilla sabiendo que quizá no volverían a verse, como padre, al despedirse de sus hijos da un abrazo a cada uno de ellos, desde el más grande hasta el más pequeño, este último el pequeñito se aferra a su padre mientras mira a su madre llorar y trata de fundirse a él con un abrazo. La hermanita mayor le dice que deje a su padre, mientras la despedida se prolonga y se torna nostálgica. Sin embargo, aquel indio que preferiría no irse de su familia, toma una fuerte y profunda bocanada de aire, da la vuelta y con la mano hace el gesto de "vuelvo en un rato". Así uno a uno de los indios fue tomando su puesto, despidiendose de su familia y sumándose al contingente armados sin armas, sólo con sus herramientas de uso cotidiano.
Al llegar el medio día y mientras avanzaba la tarde, se iniciaron las estrategias para el acomodo optimizado del ejército. El pensamiento que preponderaba a cada uno de ellos era no perder su territorio, pues tantas generaciones se han levantado, criado y crecido en ese lugar, por lo que, en voz de victoria se lanzaron al ataque en cuanto escucharon a las tropas de los franceses entrar al camino de su encuentro e iniciar la embozcada.
No fue fácil, muchos miembros del ejército nacional calleron en los primero minutos del encuentro armado, los franceses con sus armas, caballos y cañones tenían mucho camino avanzado para lograr vencer a los pobres indios.
Para suerte del ejército al mando del General Ignacio Zaragoza, la victoria les favoreció tal y como lo estaban programando, fue tiempo de intenso fuego abierto y sofocante, de estruendozo sonido de cañones desafiantes, el reparo de los caballos que en su cabalgar pasaban sobre cuerpos de personas en batalla o caidos, mientras que los encargados de primeros auxilios no paraban de examinar los cuerpos, esperando a ver cuantos lograban sobrevivir.
Para el caso del padre de familia que se despidio de sus hijos y esposa, la vida le sonrió, volvió gustozo a su casa mientras lo recibían con los brazos abiertos y dando un gran suspiro se dejó caer en la entrada cansado, polvoso y sudado.
En esa ocasión el Presidente Benito Juárez agradeció la victoria en manos de los indios y del ejército, la derrota de los franceses daba margen a poder continuar con la restauración de la deuda externa.
El pueblo mexicano tomó nuevos brios para seguir con su lucha constante, al finalizar la batalla, el cielo seguía esplendorozamente en tonos rojizos, con olor a sangre y victoria para México, una vez que los franceses se retiraron del País, se llevó a cabo el restablecimiento de la vida en México, la bella Puebla y sus alrededores.
Como sabes, cada año en el 5 de mayo, se realiza el desfile conmemorativo donde se cuenta con la participación de las escuelas primarias, secundarias y personal docente, en ese desfile se celebra la victoria de México y se recuerda a los personajes que participaron en ese notable acontecimiento. Así que, todos contamos hoy con el recuerdo y la victoria de aquellos hombres que aún sin estar entrenados en las artes armadas, lograron vencer al ejercito invasor. ¿Te lo imaginas?
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